De repente, angustiada, sentí soledad viviendo nuestra historia... y quise hacerte eco...

Te dije que las nubes son una extensión de los sueños, que nos permiten gozar de los detalles oníricos sin tener que cerrar los ojos...

Te dije que las personas como yo, duermen plácidamente envueltas en sus mejores momentos,  pero que quieren vivir el sueño justo al despertarse...

Te dije que puedo perdonar todo a un hombre, todo... excepto que no sepa volar...

Lo entendiste y con ello eliminaste la idea confusa del sexo que tienen las nubes.

Pero te empeñaste, como siempre, en exagerar tus ideas, te negaste a dejarte ir, necesitabas alimentar tu ego...

Comprendí entonces el poder de tus fantasías. De pronto desperté y vi que nunca existieron las nubes, ni el sexo, ni tú....

Te aclaré entonces que el querer abarcar todo es una actitud de codicia humana, que el verdadero amor está en el punto de calidad con que se comparte... que la perfección no es necesaria... 

 ...y te quedaste mudo, con un beso entre los labios. Por fin comprendiste, te dejaste ir... volaste despreocupado...  y nos encontramos en el cielo.