Sueños inquietantes

Cuando amas una vez de verdad, de manera sana, tranquila, serena, y verdadera y se acaba de pronto, cuando das lo mejor de ti, cuando te dejan vivir el sueño y sientes que te quieren, sin anular, ni que te anulen, cuando tienes todo eso y de pronto te sorprenden sofismas, te estampas de bruces y te destroza saber de qué modo tan cruel pierdes la inocencia, ya no volverás a confiar, ya no quieres darte más y sin querer pisoteas y aniquilas cualquier emoción que se atreva a nacer en ti... ya no quieres amar, te inquieta que te quieran y evitas proferir la palabra amor y cualquiera de sus sinónimos, renuncias a pensar que un día pronunciarás de nuevo enamorada un te quiero o un te amo, y arrancas esa página de tu diccionario ... y haces muchas más cosas para asegurarte que no volverás a caer, cosas que con el tiempo se girarán en contra tuya.
Pero sucede que a veces los miedos se enfrentan con saña a los sentimientos, te alzas y te sorprendes queriendo remontar a la vida, te has prometido que nadie más va a hacerte daño de nuevo, pero ves que afuera hay algo mejor que lo que tuviste, mucho mejor, y sobre todo, mucho más sincero... algo intenso que se abre paso en tus entrañas con las armas del ángel exterminador demoliendo y volteando implacable los argumentos que habías establecido como escudo , te sorprende, te extasía, y su magia sencillamente te envuelve, te dejas llevar aún sospechándolo incierto y seguramente volátil... pero enloqueces, pierdes los papeles y quieres ir a por él porque es exactamente lo que siempre has esperado... cambias tu alergia por lujuria ante alguien de carne y hueso con un corazón incansable... alguien que no es exuberante ni perfecto, pero es especial de verdad... alguien que lucha ferozmente por ordenar tu colapso interno y que sin pedir permiso ni prometer nada se ha colado en tu alma, y a pesar del caos de tus miedos quieres desafiar al destino impertinente que ha jugado contigo. Aún sabiéndole inalcanzable, te emborrachas de él desoyendo a tu otra yo... la cuerda... que balbucea que ya es tarde, sabes además que ahora exiges demasiado, y maldices por ser así... ya te has vuelto irracional hasta lo patético, y lo sabes, te das cuenta y comprendes que nadie va a poder soportar eso.
Y por no dañar, y por ese miedo a que te dañen elijes a regañadientes solo soñar... cuanto menos soñar que alcanzas el espejismo, y animas tu corazón hasta el desconcierto, y sin querer te ves luchando de nuevo, y subes en el tren de los sueños, esta vez en el vagón opuesto... te aseguras de que es el correcto, y eliges ilusionada un asiento de cara al horizonte... Pero justo emprender el viaje, percibes como la maquinaria se mueve a la contra. Adorabas sentir esas mariposas que presentiste extinguidas... pero te das cuenta de que has montado de nuevo en el tren equivocado, te alejas o se aleja, no sabes bien, y ves como encerrada en la soledad de ese vagón te vas aproximando a otro túnel... y con los ojos empañados ves como esa realidad va desapareciendo en la niebla... él, parece que te tiende la mano, pero cada vez se hace más borroso y lejano y sin querer lo vas dejando atrás... e intentas apearte, gritas angustiada que paren el jodido tren... que lo paren, pero en tus adentros sabes que no... no se va a detener, y presientes que el viaje interminable acabará por asfixiarte , y descubres que en el estómago ahora te revolotean estúpidas polillas que degustan hambrientas lo mejor de ti... y sucumbes... te acurrucas mortecina en el asiento con el corazón carcomido por la pena, y te conformas una vez más en ver pasar la vida de refilón, a través de esa ventanilla, donde todas las instantáneas queridas ahora se cuelan y son escupidas por tu retina a una velocidad increíble, y la temperatura de tu sangre se hace insoportable, tanto que no lo controlas más... y en medio de la noche lanzas un grito a tus miedos... dejadme en paz... me rindo, no soñaré más, pero dejadme en paz.
Y de pronto te encuentras temblando a solas, con tu desnudez empapada en sudor y sentada en la cama en medio de una terrible oscuridad... Otra vez el sueño... otra vez esa espantosa pesadilla... Y... asustada, jadeando profundamente, pero medio complacida porque solo era un mal sueño, procuras rebuscar en tu cerebro el principio que te llevó a ese horrible momento para desenmascarar y extirpar el demonio, no lo quieres vivir de nuevo, tienes que encontrar que te llevó a desencadenar esa horrible agonía, solo así evitarás volver a subir a ese horrible tren del horror nuevamente... Inútil... ya no te quedan fuerzas para recordar... y por mucho que no te guste, comprendes al fin... que fuiste una ilusa queriendo atrapar al ruiseñor creyendo que cantaría sus mejores tonadas para ti, y abres la mano convencida de que va a quedarse porque lo adoras, y sale huyendo, porque ya te regaló un bello momento... vuela irremediablemente con los suyos, y por mucho que le grites... Hey! Esa no es forma de decir adiós... comprendes que así es la vida...
Yo no me acuerdo jamás de mis sueños, ojalá... Me gustaría al abrir los ojos al nuevo día poder blandirme aún soñolienta unos instantes entre ellos, seguro que tengo sueños bellísimos, quiero creerlo así porque tengo muy buen despertar. Pero sí recuerdo las pesadillas... en mi vida he tenido muy pocas... pero esta se repitió una segunda vez y hasta una tercera... y me creó un sentimiento de angustia enorme.
CAT - 2009









Iñaki dijo
Tu post es un streaptease. En él se vuelca una mujer de carne y hueso. A veces, lo onírico y lo real pueden llegar a confundirse. Pero aquí, en tu casa, todo lo que leo es de verdad. Un besito.
22 Marzo 2009 | 08:00 PM